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El arte de discernir

Querido lector,


Hoy me gustaría hablarte sobre la habilidad de discernir entre hacer las cosas por sentido y no por ganancia. Lo que nace desde el alma, toca otras almas. En mi camino de vida, elijo. No persigo flores mágicas; recibo los frutos de una siembra consciente. Mi presencia es mi poder. Mi discernimiento, mi protección. Mi integridad, mi legado.


A treinta días de emprender mi viaje a Nueva York —el viaje para el que me he estado preparando durante cinco años—, profundizo en las decisiones que han regado este camino y en el lugar en el que me encuentro ahora, para poder avanzar alineada con mi verdad. En este proceso, me siento agradecida por mi capacidad de distinguir entre lo que nutre mi alma y lo que es una flor de la discordia.


Discordia proviene del latín discordia, que significa “desacuerdo de corazones”. Es un símbolo del poder deseado, aquel al que todos se lanzan y en el que muchos se destruyen. La flor de la discordia representa la lección del deseo que divide, del ego que devora, del poder que separa. Elijo proyectos con alma, no con ambición vacía. No soy parte de la discordia.


La semana pasada revisé y ajusté detalles para mi estancia, utilizando como herramienta la metodología de Elevate. Así fui eligiendo mis “no” y mis “sí”, no solo para este viaje, sino para todo lo que viene hacia mí. Mi intuición es mi maestra. Si algo en mí dice “no”, confío. No me dejo llevar por la marea.


Por otra parte, deseo mantener un estilo de vida saludable, incluso estando fuera de mi ciudad. Investigué dónde nadar, planeé mis entrenamientos en zona dos en Central Park, encontré un trail para correr con vista al lago Hudson (lo que me mantendrá en contacto con la naturaleza) y agregué opciones para hacer ciclismo de ruta. Este viaje es toda una sinfonía: un viaje emocional y sonoro (seguramente me acompañarán desde Trevor Hall hasta Mozart y Schubert).


También añadí a mis tardes actividades variadas: desde ir al teatro, asistir a un concierto de música clásica, visitar museos y caminar por la Gran Manzana con mi mejor amiga Felicia. Planeo hacer de este viaje no solo una visita para conectar con la escritora que habita en mí, sino una oportunidad para contemplar, reflexionar e inspirarme en la magia de conocer nuevos lugares, otros escritores, y explorar las editoriales más icónicas de Nueva York. Todo esto, desde la intención.


Me ha tomado todo un camino llegar a este momento decisivo de mi vida, y aprender a retirarme de las flores de la discordia. Son los pequeños pasos los que van creando la ruta hacia una versión más consciente y equilibrada de nosotros mismos. Este es un paso importante en mi serendipia. Largo es el camino que hay que recorrer, y sin embargo, me hace sentir viva. Un fuego en mi interior veo crecer.


Nuestras decisiones, aunque parezcan pequeñas, llevan una carga simbólica y energética poderosa. Cada elección es una manzana dorada o una flor de la discordia. ¿A qué le damos valor? ¿Qué sacrificamos al elegir? No decidir desde la conciencia puede desencadenar guerras internas y externas. Elijo observar y recordar. No corro detrás de lo que se ve hermoso pero carece de raíz. Elijo relaciones, ideas y caminos que florecen desde la verdad.


En este artículo, te dejo un mantra que escribí reciente: “Hoy no persigo la flor. Hoy soy tierra fértil. Y desde mi centro, florezco.”


Parte de mí sabe que en el futuro me esperan proyectos alineados con mi alma, encaminados a llevar educación a donde más se necesite. Uno de mis sueños más poderosos es construir escuelas y entregar más libros a niños y niñas. Ese es el camino de mi verdad. Lo que se alinee con este sendero fluirá como el agua. Honro el poder que no divide, sino que eleva. No busco éxito: soy canal de verdad. A veces, la verdadera fuerza no está en tomar, sino en observar sin extender la mano.


La flor de la discordia no es enemiga; solo es un espejo. Nos devuelve la imagen del deseo sin raíz, del poder malentendido, del amor sin verdad. Y aquel que ya no corre, que ya no ruega, que ya no finge dolor ni busca pertenecer… se convierte en algo más valioso que cualquier flor: en quien recuerda, quien ve, quien sabe.


Por último, para no perder la costumbre te dejo una hermosa canción de Wilder Woods titulada Be Yourself. Esta canción es un himno a la autoaceptación y autenticidad. La letra invita a las personas a ser fieles a sí mismas, abrazar sus imperfecciones y no intentar encajar en moldes impuestos por la sociedad. Cuando estes listo escucha dando clic AQUÍ.


Con amor para ti, por tu salud y negocios.


Tu escritora, María Conde.

 
 
 

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