¿Yo puedo con esto?
- Maria Conde
- 23 sept 2025
- 3 Min. de lectura
Aprender que la verdadera fortaleza no es aguantarlo todo, sino elegir dónde florecer.
Esta mañana mientras corría me estuve preguntado: ¿qué me está enseñando la forma en la que me relaciono con los otros? Las últimas semanas he prestado bastante atención mi entorno y como se desenvuelven las historias que van entretejiendo.

En mi reflexión me he observado intentando controlar lo externo, y lo que aprendido que no se trata de eso, sino de escuchar lo que cada experiencia despierta en mí.
En este proceso estoy descubriendo que abrir el corazón no significa entregarlo a cualquier precio. Por años pensé que inteligencia emocional era aguantar: ambientes de trabajo duros, relaciones confusas, entornos donde debía demostrar fuerza, relaciones tibias. Hoy entiendo que relacionarme con dignidad significa abrirme desde mi verdad, no desde la necesidad de ser aceptada.
Durante mucho tiempo me repetí: “yo puedo con esto”. Era mi manera de seguir adelante, de no detenerme. Pero ahora veo que esa frase fue una armadura. La verdadera fortaleza no reside en resistir sin límite, sino elegir desde la claridad dónde florecer y dónde no pertenezco.
Antes lo veía como una especie de examen donde me preguntaba: ¿soy lo suficientemente fuerte para resistir? Y el aguantar lo entendía como aprobado.
Hoy lo percibo como terreno fértil: el lugar donde planto mi presencia es el lugar donde florece la belleza.
El mundo ya no es un enemigo que debo enfrentar, es un espejo que me muestra dónde sí hay resonancia y dónde no.
Y a partir de eso, yo elijo.
Mi trabajo por mucho tiempo me enseñó a normalizar el caos y a convivir con lo tóxico bajo la bandera de la inteligencia emocional. Ahora reconozco que no vine a esta vida a resistir ambientes mal calibrados, sino a transformarlos o salir de ellos con amor. Dignidad también es un límite.
Aunque me ha costado aceptarlo mis experiencias recientes me muestran que existe en mí una contradicción íntima: quiero abrirme, pero temo no ser cuidada.
Esta contradicción me confronta con el hecho de que no necesito defender mi forma de ser. Lo que realmente necesito es un espacio seguro, y ese espacio empieza en mí.
Hoy comprendo que merezco una belleza distinta: no la de resistir con elegancia, sino la de vivir en armonía.
Abrirnos no significa debilidad, sino elegir con dignidad.
No todo se trata de confirmaciones externas. Lo esencial es confiar en mí, en mi intuición, en el secreto que me recuerda que también soy polvo de estrellas.
Elijo abrirme sin perderme.
Elijo crecer sin justificarme.
Elijo un camino donde ser yo misma, no signifique ser tolerada, sino abrazada en todas mis dimensiones.
Y en ese camino, cada situación —aunque incómoda— me está enseñando a vivir con más verdad.
Canción recomendada
Downpour – Charlie Cunningham
Una canción que abre una ventana hacia algo más profundo que una letra, dando un vistazo al duelo íntimo contra ese crítico interior que todos llevamos dentro.
Imagínate una tormenta de lluvia intensa. Cada gota es una voz crítica, a veces nuestra propia voz, otras veces lo que sentimos que proviene del mundo exterior. Pero en vez de sucumbir al aguacero, la canción trata de dialogar con él, observarlo, casi domesticarlo con delicadeza.
Cuando lo sientas, puedes escucharla aquí.
Frase de la semana
“Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades.”—Miguel de Cervantes
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Con amor,
Tu escritora,
María Conde




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