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La historia no se va a contar sola

Actualizado: 14 jun 2025

Querido lector:


Hoy te escribo desde uno de mis lugares favoritos: Café Comunal. Han pasado días desde que dejé Nueva York. Comencé este artículo allá, en medio de un viaje lleno de propósito. Cuando se publique, ya será historia. Y ante todo esto, surge una pregunta inevitable: ¿Qué es la historia? ¿Y por qué importa?


La palabra historia proviene del griego antiguo historía, que significaba “investigación” o “conocimiento adquirido por indagación”. Fue empleada por Heródoto, considerado el padre de la historia, para describir su búsqueda por comprender los acontecimientos de su tiempo (Historíai). A su vez, historía deriva de hístōr, “testigo” o “sabio”, y está vinculada a la raíz indoeuropea wid- (“ver, saber”), la misma que da origen a palabras como “sabiduría”.


Con el tiempo, el término pasó al latín (historia) y luego al español, manteniendo un doble sentido:


  • Relato de hechos reales

  • Narración con valor simbólico o literario


Los pasos que tomamos día a día forjan nuestro presente y dan forma al futuro. Y sí, todos somos narradores. Cada decisión escribe una línea, cada narración tiene un valor simbólico. Si tenemos el valor de compartir lo vivido, esa historia puede elevar no solo a quien la cuenta, sino a toda una comunidad.


Durante siglos, las historias se compartieron alrededor del fuego, en templos, libros, foros o teatros. Los romanos narraban hazañas heroicas y mitos. Las historias transmiten sabiduría, valores, visiones del mundo. Muchas siguen vivas, moldeando nuestra manera de sentir, comprender y soñar. Las metáforas sobreviven siglos. Las historias enseñan, inspiran, transforman.


Comencé a escribir esta historia en Brooklyn, hace tres semanas, antes de regresar a los amaneceres de Silver Strand, a sentir el viento de Coronado mientras ruedo en mi bicicleta de ruta, y a las aguas de Glorieta Bay. Regresar a escribir en las mesas color madera de este espacio —donde, por cierto, sirven el mejor café de la ciudad— se siente como volver a ser abrazada por casa.


Recuerdo que, en una ocasión, me contaron por qué este lugar se llama Comunal: su propósito es claro y hermoso —crear desde adentro algo que sirva a la comunidad. Y lo logra. Porque la comunidad también se construye con detalles: una mesa compartida, una conversación inesperada, un café bien servido. Aquí, las historias fluyen como el aroma del espresso. Cada lugar, cada instante vivido, forma parte de nuestra historia. Si pasas por aquí, no dudes en pedir un americano o un cold brew. Hay opciones para todos los gustos y siempre alguien detrás de la barra dispuesto a regalarte una sonrisa.


Seguramente pensaste que solo estaba de vacaciones en Brooklyn. Pero no. Asistí al panel The Future Isn’t Going to Write Itself, por invitación de Jamia quien modero este espacio. Este panel fue una conversación poderosa sobre el arte de narrar.


Jamia Wilson no solo es una líder en el mundo editorial; en 2017, se convirtió en la primera mujer de color y la más joven en dirigir Feminist Press, una editorial independiente fundada en 1970 en la Universidad de la Ciudad de Nueva York. Esta casa nació para rescatar obras escritas por mujeres que fueron excluidas del canon literario. Bajo su liderazgo, la editorial amplió su mirada, integrando voces interseccionales y visibilizando historias desde múltiples márgenes. Su historia no solo inspira: abre caminos.


Jamia me dijo al inicio del panel: "I feel so moved by your story. When you say, ‘I’m a writer, I’m coming from Mexico, and I’m here because I want to learn from the best storytellers,’ I want to be a better storyteller." De una forma sencilla le conte mi historia.


Esa conexión inmediata fue lo que la motivó a invitarme a un evento tan cargado de sentido. Aprender, compartir, inspirar y transformar —esa es una misión que ambas compartimos. Por eso la historia importa: porque no solo se escribe, se encarna. Y cuando se cuenta con verdad, puede mover al mundo.


Mi viaje a Nueva York fue un acto de propósito. Estuve ahí para aprender a contar la historia de niñas y mujeres en comunidades que enfrentan desafíos estructurales y merecen ser escuchadas. Ese panel fue simbólico: la historia no se contará sola.


¿Sabías que, en México, aunque las mujeres representan la mayoría en educación artística, su visibilidad en espacios expositivos y su reconocimiento económico son aún muy limitados? Según la Secretaría de Economía, poco más del 5 % de los autores en música son mujeres. En el tercer trimestre de 2024, solo el 11 % de los artistas interpretativos eran mujeres. La brecha es clara.


Por otro lado, aunque las mujeres son la base del mercado lector, su visibilidad como autoras ha exigido caminos alternos:


  • Ferias especializadas

  • Redes de apoyo

  • Maratones literarias

  • Recuperación del canon femenino

  • Proyectos como Vindictas o FENALEM


Estas plataformas han resignificado el espacio literario femenino, pero el reto sigue siendo lograr presencia institucional y eco en las narrativas colectivas.


Muchos me dicen valiente por ir a escribir a un lugar desconocido. Pero más que valentía, me guía la determinación por contar la historia. Las historias son memoria viva. Con nuestras palabras, experiencia y resiliencia, podemos enfrentar juntos los desafíos sociales que compartimos.


Además de conocer a Jamia, tuve el privilegio de conversar con Anne K. Ream, autora de Lived Through This y activista con más de 20 años creando espacios donde mujeres sobrevivientes de violencia de género pueden ser escuchadas. Al compartirle mis proyectos, me respondió una frase que aún retumba:

“No porque algo suceda muchas veces quiere decir que no es menos horrible.”

Como sociedad, este sigue siendo uno de nuestros grandes pendientes: dejar de normalizar lo inaceptable. El acceso a la educación, a una alimentación digna, a bibliotecas, al arte y a espacios seguros para hablar de lo que nos duele ''ya es un derecho básico''. El reto está en multiplicar esta realidad, para que no solo llegue a algunos cuantos, sino a comunidades en las que se necesita.


La ponencia de Anne me hizo reflexionar: ¿cómo nos levantamos después del dolor? la respuesta que viene a mi es parte de este camino, atrevernos a conocer y contar la historia.


En Elevate, creemos que el autoconocimiento honra el pasado y nos da dirección para lo que sigue. Entender que nos duele en lo individual y colectivo, es una semilla para crear consciencia y actuar. De nuevo, por eso la historia importa. La vida no se detiene. Merece ser vivida con dignidad, aunque a veces duela, aunque queme. Y como lo vamos a lograr, sino es en comunidad.


Compartir este espacio con personas que visibilizan la violencia desde el testimonio me recordó que detrás de cada estadística hay una historia. Como dijo Jamia: “Si mi historia te mueve, actúa.” Como dijo Anne: “Nuestros cuerpos son storytellers.” Pensé en mis cicatrices, en cómo la sanación física también puede ser simbólica. Jimmy, otro de los ponentes, dijo: “El mejor storyteller es quien lo ha vivido.” Y añadió con firmeza: “No es momento de tener miedo.” Querido lector, no lo es. Siempre es momento de contar la historia.


Estuve en Nueva York para dar testimonio: de mujeres, de comunidades, de lo posible. Nuestra historia no comienza ni termina donde otros lo dictan. El alma de una comunidad —como el de una niña— se rehace con cada intento.


El año pasado lanzamos el proyecto Un Salto de Fe, con el lema “Los libros cambian vidas”. Reunimos 120 libros que fueron donados a niñas y niños. Este año vamos por más, vamos por la recuperación de espacios. Este proyecto nació como una forma de llevar luz a comunidades donde la educación y la belleza aún se perciben como privilegios. En esos lugares, un libro no es solo papel: es semilla, puente y dignidad. Cada entrega es una historia nueva que comienza a escribirse con fe.


En el panel, Jamia dijo: “We are fighting for justice, but also for joy.” Y si eso no es central, ¿entonces qué lo es? Esta frase, pronunciada por Jamia durante el panel, resalta una visión profunda del activismo y el storytelling: no se trata solo de denunciar la injusticia o resistir el dolor, sino también de reclamar el derecho a la alegría, al gozo colectivo, a la belleza como parte del proceso de transformación social. Es una forma de afirmar que luchar por un mundo más justo no implica renunciar a la esperanza ni al disfrute de la vida. Al contrario, implica también imaginar y construir espacios donde la alegría, la creatividad y el bienestar puedan florecer.


Narrarnos distinto es una forma de resistencia. Es mirar un terreno baldío y, en lugar de rendirse, plantar algo: Un árbol. Un libro. Una historia. Porque alzar la voz de una comunidad no siempre es hacer ruido. A veces, es devolverle el eco a su silencio.


Para no perder la costumbre, quiero dejarte la canción “Green Mountain State” de Trevor Hall. Habla del regreso al silencio, del camino interno que siempre ha estado ahí. Ese silencio también habita en las calles sin árboles, donde se sueña sin mapa, pero con certeza. Y ese eco, cuando se convierte en canto, es historia.


Cuando estes listo (a) para escuchar, haz clic AQUI.


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Tal vez alguien más también esté buscando una historia que le recuerde que hay un camino. Que hay un centro. Y que, aunque la historia no se escriba sola, hay quienes estamos aquí para escribirla.


Tu escritora,

María Conde


Referencias:

  • Chantraine, P. Dictionnaire étymologique de la langue grecque

  • Harper, D. Online Etymology Dictionary (etymonline.com)

  • Heródoto, Historias (siglo V a.C.)

  • Secretaría de Economía / Coordinación para la Igualdad de Género UNAM – "Poco más del 5 % de los autores de música son mujeres"

  • Data México, 2024 – Artistas Interpretativos y condiciones laborales

 
 
 

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