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"La Paradoja del Viaje: Cómo Encontré la Felicidad en el Camino"

Estimado lector,

Hoy quiero compartir contigo mi experiencia de cierre tras un mes de introspección. En mi último artículo te resumí cómo decidí hacer una pausa en mi rutina para explorar el piso en el que me encontraba en el elevador de mi vida. Me enfoqué en la introspección y en soltar la frase "hasta aquí". ¿Cuál fue el resultado? Hice cosas que no creía poder realizar y di un salto. Más adelante te contaré con más detalle esta experiencia, pero antes, quiero revelarte el secreto de mi determinación.

He convertido mis últimos cuatro años en una canción; todo lo que hago es por ese sueño. Si quieres conocer el secreto del viaje a las estrellas, primero debes conocer la felicidad. Todos buscamos descifrar o experimentar esta palabra: ¿Qué es? ¿Un sentimiento? ¿Un estado del ser? O simplemente aceptar todo lo que llega a nuestra vida con gracia y calma.

Recuerdo hace dos años, mientras caminaba en la naturaleza con mi amiga Vanesa, conversábamos sobre el sueño del viaje a las estrellas. Mientras observábamos el sol, le decía que, a pesar de sentirme feliz y plena después de dos años en este sendero, aún no entendía el secreto de las estrellas. Creía que ese era el siguiente paso.

En la claridad de la mañana, llegamos a la conclusión de que la paradoja del viaje es el intento de alcanzar un destino, cuando lo que realmente debemos hacer es disfrutar del cambio en la presencia. Así encontré mi camino de regreso a casa, y solo lo entendí cuando aprendí a ser feliz en el proceso.

En este proceso, he encontrado incomodidad, tristeza, nostalgia y frustración, pero he aprendido a sonreír con ellas. Considero esta mi misión de vida: aprender a ser feliz incluso cuando las cosas no suceden como "aparentemente queremos". Además de todas las cosas bellas que omito mencionar hoy, porque quiero hablar sobre aquello que nos impide cambiar o ser, pero que podemos transformar; esa parte que intentamos evitar, pero que nos persigue como una sombra clara: la "parte que duele". El miedo al cambio, el miedo a la responsabilidad del crecimiento, la incertidumbre de ver lo que existe hacia el otro lado del miedo.

La felicidad es aprender a disfrutar el caminar durante más de diez horas hasta la cima de una montaña, para luego encontrarse varado en una tormenta con frío, vientos de cincuenta kilómetros por hora en una tienda de campaña con otras cinco personas, empapados y sin dormir. Para despertar al día siguiente a tres mil quinientos metros de altura sobre el nivel del mar, y observar la nieve que cayó durante dieciséis horas decorando las rocas, el sol con destellos naranjas saliendo por el este y la inmensidad de las nubes cubriendo las montañas. La majestuosidad de lo que viene después de la tormenta.

Esta es la paradoja del viaje: la tormenta ya está implícita, conocemos la felicidad cuando decidimos no atravesar de nuevo la puerta de la pesadez mental y nos detenemos a apreciar la belleza que existe una vez que la ventisca se despeja.

Sí, este es el brillo que ilumina tu camino. Esta es la luz que existe en ti, este es el polvo de estrellas del que estás compuesto químicamente. Entonces, felicidad, si pudiera describir esta palabra, sería: aprender a ver lo que sucede con gracia y humildad, independiente de la tormenta, fracasos, errores, decepciones, perdidas, e incluso los éxitos. Colocar el lente del amor y recibir todo lo que venga desde ahi, pues el lente del amor tiene la transparencia de la fe.

La fe me movió después del sueño, me llevó a caminar a ciegas por un camino cuyo final no podía ver, con la promesa de un destino desconocido. Pero no fue sino hasta que aprendí a disfrutar el andar de mis pasos que comenzó a echar raíces.

Si encuentras tu fe, todo se acomoda en su lugar. Pero, ¿la encontré yo o ella vino a mi encuentro? Y si fue así, ¿por qué lo hizo? Recientemente leí que la energía universal, la energía creadora, es amor puro. Y cómo no serlo, si ha creado en este planeta el ecosistema perfecto que se conecta con el cosmos. Si ha creado las estrellas que vemos en el cielo, las mismas que vemos en el mar. Y si esta energía creadora es amor, si esta energía es polvo de estrellas y nosotros también lo somos, nosotros también somos amor puro. ¿Entonces, ya has descifrado mi secreto de la determinación para hacer? Y si no lo has hecho, lo resumo en dos palabras: TENGO FE.

Continuando con mi experiencia de cierre de mes: realice un triatlón sprint tipo competencia. Al fijar mis metas para el año, traté de retrasar lo más posible la fecha de la competencia porque mi mente me decía que necesitaba prepararme más y más. Para la mente nunca es suficiente; siempre buscará lógica y analizará todo. Aunque desempeña un papel importante en nuestra vida, no siempre tiene la razón, y tan pronto como tu alma tome el timón del barco, te darás cuenta de lo lejos que puede llevarte.

A través de la meditación, fijé la intención de que mi alma guiara el timón. En el camino, me encontré con cosas que estaban allí pero a las que no estaba prestando atención; una gama de posibilidades en mi entorno esperando a ser vistas, que me ayudarían a alcanzar mi meta cuando decidiera hacerlo. Entre esas posibilidades, encontré en el camino a un amigo justo cuando estaba practicando ciclismo y necesitaba ayuda para mejorar mi equilibrio y velocidad. Lo recibí con la sonrisa que me caracteriza. Otra posibilidad fue el primer día que nadaría en la bahía. Aunque estaba decidida a hacerlo, así tuviera que hacerlo sola, tuve varios planes fallidos, un día le conté a mi maestro de natación que iría a intentarlo, y sin más se unió al equipo, acompañándome a nadar por primera vez en la bahía; también recibí esta experiencia con una sonrisa. La tercera parte fue mejorar mi velocidad. Así elegí comenzar clases con un entrenador de atletismo, y fusioné las bases que ya tenía con estas nuevas clases.

Al hacer equipo, alguien propuso realizar un triatlón de práctica para que me sintiera más confiada para la competencia. Al principio no estaba muy convencida, pensaba que necesitaba más preparación y tiempo. Pero era nuevamente la trampa del "hasta aquí por hoy". Ya te conté en mi artículo anterior, como salí de ahí.

Sumergida en el estado de fluir, comenzó la aventura. Ese domingo, llegamos a la bahía a las cinco y treinta de la mañana, aún no amanecía. Recuerdo ver el mar mientras el cielo comenzaba a aclararse, suspirar y dar gracias. Llevaba todo el equipo necesario para empezar la práctica a las seis y media de la mañana. Así comenzó, con la idea de que todo fuera tipo competencia. Me lancé al agua con ímpetu, pero al estar allí, me inundó el miedo; comencé a moverme rápido, sintiendo que mis pies se hundían y que el mar era más profundo de lo habitual. Aun así, no me detuve, dejé que mi fe me guiara.

Al salir del agua, aun estando empapada, subí a la bicicleta. Mientras el aire me daba en el rostro, el sol salía y aún se percibía el aroma a sal del mar; pensaba en como disfruto de la incomodidad que me lleva a crecer. De nuevo agradecí, por esa tormenta en la montaña y la resiliencia que me había enseñado. Comencé a fluir aún más. Mis amigos me animaron a dar lo mejor de mí en la bicicleta; no había ido tan rápido ni con tanta seguridad. Mientras avanzaba, me repetía un mantra: "Estoy compuesta de átomos, soy energía: estoy en mi túnel, enfocada. Si soy energía, me muevo como la energía". Cada kilómetro que avanzaba lo hacía con más determinación. Al finalizar, cambié mis tenis y comencé a correr, sintiendo plenitud al comenzar lento y aumentando mi ritmo poco a poco; agradecida por la oportunidad de estar viva y ser. Disfrute cada segundo, incluso los incómodos.

Hay algo que aprendí en este piso del elevador: creo en mí y he interiorizado lo que me han enseñado mis maestros. Me he convertido en otra persona, me reconozco y me veo en el espejo de quienes reflejan la determinación de hacer y la creencia en su capacidad. Entre mantras y una nueva mentalidad, a veces solo hay que saltar.

Estoy escribiendo otra línea de mi vida por ese sueño. Si este ser me mira, sabe que es gracias a él que estoy brillando. Gracias al mensaje que me dio.

Y qué pasará después de este piso, bueno, es sencillo: nos subiremos de nuevo al elevador, continuaremos nuestro proceso y seguiremos en el camino a las estrellas.

Con amor para ti por tu salud y negocios.

Maria Conde
 
 
 

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