Renacer de la Autoestima
- María Conde

- 17 abr 2025
- 6 Min. de lectura
Estimado lector,
Hoy quiero contarte sobre la causa directa de mi falta de salud en el pasado. Tal vez pienses, "¿Falta de salud? Mira tu cuerpo, tu energía. ¿Cuándo tuviste falta de salud?". Es cierto que hay personas que están pasando por situaciones mucho más complicadas, pero como dicen aquel que no recuerda su historia está condenado a repetirla y créeme hay lecciones que nos hacen cruzar puertas que incluso no creemos existen, y este es mi caso. Para darte más contexto, quiero compartir en este texto un poco más de mi historia.
Como te mencioné en el anterior artículo, hace ocho años inicié mi camino como emprendedora en el sector de servicios (consultoría). Antes de iniciar este trayecto, me relacionaba de forma poco saludable con mi trabajo, tanto en los negocios como con las personas, trataba siempre de dar más y más, hasta el punto en que me consumía. Si estás leyendo esto, probablemente estés de acuerdo conmigo en que somos energía, y en ese entonces yo desperdiciaba la mía sin darle ningún valor. En el primer aniversario de mi oficina, había desarrollado una rutina en la que desgastaba mi energía al no tener una estructura para gestionar mi tiempo, me la pasaba sentada durante horas en una silla de escritorio, comía a las carreras y a deshoras, no me hidrataba adecuadamente, y para rematar, consumía al final de la semana o el día una copa de vino para aliviar el estrés, causándome insomnio, entre otras cosas (más adelante te platicare sobre los efectos del alcohol en la salud y compartiré algunos sustitutos, no se trata de pasarla mal, pero hay opciones que no te causan los efectos secundarios del alcohol como la Kava, solo que en ese entonces no lo sabía).
El mismo año me detectaron un quiste hepático y me sometieron a una cirugía porque el quiste estaba causando otros síntomas. Entre ellos, presionaba mi vena cava superior, encargada de recibir la sangre desoxigenada de la mitad superior del cuerpo para transportarla al corazón y a otros órganos. En diciembre de 2017, me drenaron el quiste mediante una cirugía poco invasiva para reducir el riesgo de hemorragia masiva, ya que el quiste al estar pegado a la vena cava incrementaba el riesgo de que fuera rasgada en cirugía lo podría resultar en una hemorragia en segundos. Dejaron el quiste en mi hígado y me dieron recomendaciones para mejorar mi calidad de vida y prevenir la posibilidad de que creciera de nuevo. Lamentablemente, no seguí las indicaciones.
Traté en mi mente de hacer las cosas distintas, pero no sabía cómo integrar hábitos positivos sostenibles en mi vida, más adelante te platicare más de este bonito encuentro que tuve con la salud, ha sido todo un viaje. Al recuperarme de la cirugía de hígado regrese al trabajo con la mentalidad de seguir demostrando, llena de ego y con una autoestima muy baja. Menciono lo de la autoestima baja porque ¿cómo una persona que se ama puede seguir sometiéndose a la misma línea de vida después de recibir una advertencia tan seria? No tardé en recibir otro jalón de orejas. En 2019, mientras manejaba por la Ciudad, comencé a sentir un dolor intenso en el costado inferior derecho del abdomen, náuseas y un mareo horrible. Sabía que debía ir al hospital de inmediato y así lo hice. Resultó ser mi apéndice, y aunque la cirugía es relativamente sencilla y la causa exacta de la apendicitis se desconoce, se sabe que la apendicitis es una inflamación del apéndice que los expertos creen se obstruye por diversos factores (ahora entiendo que la posibilidad de que viniera de mis antiguos hábitos es alta). Este episodio me hizo reflexionar sobre la importancia de los hábitos alimenticios saludables y pensar en integrar ejercicio a mi rutina, pero seguí sin hacer cambios; de nuevo los cambios solo estaban en mi mente.
Te preguntarás cómo una persona aparentemente sana de 32 años puede tener dos recaídas quirúrgicas en menos de dos años. Yo también me lo preguntaba. Al contrario de buscar respuestas dentro de mí y ser honesta sobre mi rutina y mis hábitos, me sumergí en un victimismo intenso. Para diciembre de 2019, estaba al borde, pero seguía con los mismos hábitos, los ataques de ansiedad eran frecuentes y la desmotivación que sentía al salir cada día de la cama iba al alza. La falta de amor propio era la brecha entre la vida que tenía y la que quería tener, pero me negaba a aceptarlo.
Recuerdo un día estar con un grupo de amigos emprendedores en una plática sobre mujeres empresarias, hablando de los retos que enfrentamos en el ámbito empresarial. La conversación me conmovió tanto que, cuando tomé la palabra, no pude evitar que mis ojos se llenaran de lágrimas. Estaba rodeada de personas que hablaban de apoyar a las mujeres emprendedoras y yo necesitaba ayuda, tenía un dolor interno que no era físico de lo cual me avergonzaba hablar. Necesitaba ayuda, pero me negaba a pedirla. Mi estrés y responsabilidades me habían rebasado, necesitaba escapar del ciclo en el que estaba atrapada pero no sabía cómo.
No hay otra forma de describir mis decisiones de ese entonces que como una falta de autoestima. Como dice el sabio dicho, "la verdad nos hará libres". Cuando perdemos la seguridad y confianza en nosotros mismos, podemos vestirnos con ropa y bolsos bonitos, conducir autos lujosos y compartir nuestros logros en redes sociales, pero nada de eso nos satisface realmente. La respuesta a mi pedido de ayuda llegó con la pandemia de COVID-19, y fue el comienzo de un proceso que me ha ayudado a ir soltando todo aquello que no me da salud. Este proceso ha traído regalos, uno de los cuales fue la recuperación de mi autoestima, y, una bella comunidad de personas que priorizan el equilibrio entre la salud y el trabajo; ambos actualmente enriquecen mi realidad de diversas formas.
¿Qué es una persona sin cosas materiales? La respuesta es simple: una persona sin cosas materiales puede ser todo y nada. Todo, porque dentro de nosotros habita una grandeza enorme, sin importar el mundo material que construimos a nuestro alrededor. La grandeza viene acompañada de la responsabilidad de sacarla a la luz y se multiplica con la capacidad de amarnos a nosotros mismos primero para poder dar amor a otros. Hace poco leí en un libro lo siguiente: "Una mente que se ha olvidado de su propia alma, y se ha ido volando a ayudar a otras almas. Es lo mismo que abandonar a sus propios hijos e ir al rescate de ajenos." En este caso, no somos nada porque evitamos mirar hacia dentro, lo que nos sumerge en un mundo superficial, preocupados por lo que los demás piensan de nuestro éxito profesional o financiero, y eso nunca alimentará el vacío interno. Así que, ¿puedes cuestionarte en cuál de los dos escenarios vives tu realidad?
Uno de los factores que contribuyó a mejorar mi autoestima fue la integración del deporte a mi rutina, de hecho, así comenzó todo un viaje. Comencé por profundizar sobre qué, cómo y por qué hacer ejercicio; siempre he mantenido una actitud receptiva y respetuosa hacia las personas que me han enseñado, porque estoy sedienta de aprendizaje y crecimiento. Poco a poco, fui incrementando mi curiosidad, aprendiendo sobre nutrición, aclarando mi mente de mitos sobre la sal y la hidratación, y entendiendo cómo los minerales son esenciales para las funciones de mi cuerpo. Nuestro cuerpo es el ente más maravilloso que existe; sabias que nuestras neuronas se conectan unas con otras a través de electricidad para consolidar un aprendizaje. Es algo increíble, y vamos por la vida pensando que el cuerpo es eterno y puede aguantar todo, en lugar de cuidarlo y amarlo, el amor propio es claridad.
Así que, si me preguntan cómo recuperé mi autoestima, la respuesta es simple: acepté que me equivoqué una y otra vez al no actuar, dejé de flagelarme por ello y me mostré paciencia, empatía y amor. Tuve las conversaciones más difíciles que se pueden tener con alguien, fueron conmigo misma, y aún las sigo teniendo. Me cuestioné, dudé de mí y de todo lo que creía saber sobre el éxito. Cambie mi definición de éxito por la determinación de tener y actuar, empezando desde adentro hacia afuera. Créeme, lo demás seguirá su curso y lo hará de manera sostenible si tienes salud.
Dejé de pelear, pero también de intentar huir. Me mantuve firme sin saber qué me esperaba del otro lado, pero con la esperanza de que podía crear un mejor futuro. Mi falta de salud pudo suceder a mis 45 años, a mis 50 o a mis 60. La cuestión es que a mis 32 años me di cuenta del inmenso poder que nos otorga saber que tenemos la capacidad de elegir nuestro destino, dejé de creer en las casualidades, y comencé a creer en las causalidades; causa y efecto, y elijo una vida saludable con la intención de amarme, cuidarme, autogestionarme y construir mi propio futuro.
Para finalizar, quiero desearte que, si estas pasando por un momento difícil que está mermando tu salud y sientes la incertidumbre de querer cambiar, pero no te decides a trascenderlo; este texto te pueda ayudar a darte el coraje para emprender el camino hacia una autoestima sana, una vida sana, un corazón sano y voltees a ver hacia adentro. Y sí, tienes miedo de cambiar el rumbo porque crees que has avanzado demasiado en tu camino hacia el éxito que dicta la sociedad a tu alrededor, recuerdes que nunca es tarde para ajustar tu perspectiva y cambiar el lente que le da significado a tu definición de éxito.
Con amor para ti, por tu salud y tus negocios.
María Conde




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