Me encuentro en Nueva York, lo que algunos llamarían la capital financiera del mundo. Sin embargo, estoy descubriendo en Manhattan una versión muy distinta a la que experimenté en el pasado, para ser exacta, en diciembre de 2019.
Manhattan ofrece hermosos parques habitados por aves de distintos colores que salen a primera hora del día, sosteniendo la más cálida conversación con el sol. También alberga jardines encantadores en medio de enormes edificios de más de veinte pisos; espacios soñados creados por amantes del contacto con la naturaleza, algunos de ellos abiertos al público.
Esta ciudad, que permanece en movimiento las veinticuatro horas del día, no parece estar del todo estresada. Al contrario, creo que los neoyorquinos han encontrado una forma auténtica de ser, de lidiar con la sociedad de las prisas.
Durante la mañana, además de observar a las aves, pude ver a individuos y grupos realizando distintas actividades en Central Park: correr, meditar, andar en bicicleta o simplemente caminar. Es un hecho: todo el día verás bicicletas recorriendo la ciudad.
Por cierto, acabo de encontrar el café The Hungarian Pastry Shop. Ha sido difícil decirle que no a los postres que ofrecen, aunque he intentado reducirlo a un par de galletas con mermelada que estoy por compartir con una pequeña ave bandida que ronda las mesas (a la espera de que regrese).
Poder ver esta otra versión de Nueva York —como todo en la vida— depende del lente que decidamos vestir. Varios filósofos han hablado de esto, desde Byung-Chul Han hasta Sócrates. Para mis dedicados lectores de Tijuana, les pregunto: ¿creen que existe una versión distinta de nuestra ciudad? Considero que este sería un gran tema de debate. Y si crees que no existe, ¿podrías tú hacerla posible? El centro de este planteamiento no es dividir, sino construir.
Mientras escribo en una pequeña mesa de herradura con vista a más de cuarenta árboles (que apenas alcanzo a contar), frente al café comienza a formarse una fila. Sí, el café es riquísimo. Y la pequeña bandida ha regresado.
Y hablando de regresar… ¿qué piensas de la expresión “regresar a uno(a) mismo(a)”? ¿Alguna vez has sentido que estás fuera de ti? Como ciudadanos de la sociedad de las prisas, seguramente todos lo hemos sentido alguna vez. En Nueva York estoy practicando la libertad del Ser. Lo que estoy experimentando aquí proviene de ese estado.
Liberar el Ser uno mismo. Liberar el Ser uno con todo.
Ser uno con todo es un concepto que leí en el libro Siddhartha, de Hermann Hesse. Al final del libro, cuando Siddhartha encuentra la iluminación, se pronuncia esta idea. Es uno de mis pasajes favoritos.
Quizá estés pensando: “María cree que está iluminada”. No, no lo creo. Sin embargo, sí creo que todos poseemos una conexión única con el universo y con nuestro interior… a la espera de que la exploremos. La gran pregunta es si nos atreveremos a ser nosotros mismos, para así ser uno con todo.
Si tendremos la valentía de soltar los juicios sobre nuestra historia pasada, y en lugar de eso, comenzar a honrarla. Si tendremos el coraje de emprender un viaje hacia la profundidad y la belleza que existen más allá de nuestro entorno conocido.
Pausa...
Tuve que detener el artículo para dirigirme al gimnasio Equinox en la Upper East Side. Los hábitos de salud no se detienen por el viaje... son parte de él. Una vez concluida mi rutina de fuerza, estoy de nuevo contigo, cerrando este escrito.
Dejo esta pregunta al aire para tu reflexión antes de despedirme por hoy: ¿Puedes atreverte a ser uno con todo?
Me dirijo ahora a escuchar un Cello Concerto en el Wu Tsai Theater, David Geffen Hall, conducido por Simone Young. La velada comenzará con un Notturno de Schoenberg, una obra exuberante y juvenil en el estilo tardo-romántico.
Ayer por la mañana me preguntaba: “¿Qué hago en Nueva York?”. Dudé. Pero en este momento, mis aguas internas están en paz… porque acepto que estoy siendo yo misma.
Por último, para no perder la costumbre, te dejo la canción "2 Oceans". En esta colaboración de Trevor Hall y Marieme, se explora el tema de la lucha emocional y la búsqueda de paz interior en medio de circunstancias desafiantes. La letra utiliza la metáfora de nadar en dos océanos para representar la abrumadora gama de emociones y experiencias. Invita a calmar nuestras aguas internas, reconociendo que, sin esfuerzo, no podemos superar los desafíos. El mundo exterior puede ser duro, pero aferrarse y dejar que la tormenta pase permite, eventualmente, “caminar sobre el agua”.
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