Un enfoque personal: Sostenible vs Efímero
- María Conde

- 17 abr 2025
- 5 Min. de lectura
Estimado lector,
Hoy quiero compartirte un poco de mi experiencia al tener un cronograma semanal y la práctica de hacer cierres semanales, no solo financieros, sino también de objetivos personales. En este cronograma plasmo todo lo que tengo por objetivo realizar en la semana completa y al finalizar cada semana, realizo un proceso que le denomino ‘’cierre’’. Durante este tiempo, realizo una reflexión profunda sobre lo que actividades que completé: si me desvié de mi plan analizo qué me motivó a ello. Me pregunto si me distraje o si, solo me dio por explorar otra ruta. Si elegí cambiar de ruta, profundizo aún más en el cuestionamiento de por qué lo hice y si esto está alineado con mis valores y metas a largo plazo. Después trato de integrar esta nueva ruta en mi cronograma, sumándola a mis pasos en el "elevador de la vida".
Es fundamental entender el objetivo de cada acción, incluso de las espontaneidades. Aquí te dejo uno de mis mantras favoritos: "Somos la suma de todo, y la suma de todo se convierte en nuestras vidas." Si reflexionas bien, incluso de la espontaneidad aprendemos a conocernos mejor y entender la naturaleza de nuestra mente y nuestros pensamientos. ¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Qué nos motiva, inspira y de que nos rodeamos?
Ahora te pregunto: ¿cuál es el entorno más bello que puedes visualizar? Y que pensarías si te dijera que puedes crearlo, que está a tu alcance, pero para obtenerlo hay dos requisitos: primero, que tienes que elegirlo. Te preguntarás cómo lo eliges; comienza por ser consciente de lo que estás haciendo con tu vida y luego dale orden. Segundo, cultiva la paciencia. El camino no se recorre a kilómetros por hora; el camino se vive en presencia. Se disfruta, se sonríe, y a veces te detienes. No intentes ir rápido; dale el tiempo necesario a construir tu castillo lleno de luz. Si sigues estos principios, llegará un día en que tus ojos se abrirán y lo sentirás, lo que en el budismo se llama "Rigpa", el conocimiento del propio conocimiento. Es el estado en el que las nubes se despejan del cielo, siendo el cielo la mente y las nubes nuestros pensamientos, según el prólogo del Dalai Lama.
Durante los últimos cuatro años, he mantenido el hábito de llenar y revisar mi cronograma integral semanalmente. A lo largo de este tiempo, he notado que no solo ha sido un catalizador para mi productividad, sino también para mi propia felicidad. Porque, ¿cómo no estar contenta con el hecho de saber a dónde me dirijo y de que el camino que sigo tiene el sentido que yo le doy? Porque yo elijo.
Hoy, quiero compartir contigo tres de mis reglas más importantes durante este proceso de reflexión, mismas que me han ayudan a equilibrar mi vida y que están relacionadas con la gestión del tiempo:
Asigna un objetivo o significado a cada actividad en tu cronograma. Por ejemplo, si hago ejercicio, lo relaciono con palabras como salud, neurotransmisores y agilidad mental. Si es la hora de la comida, lo asocio con energía, gasolina y empuje para el día. Si es la hora de trabajar, pienso en liderazgo, productividad, inspiración y salud financiera. Si es la hora de meditar, lo relaciono con fe, silencio, paz interior y conexión con lo divino. Si es la hora de dormir, lo asocio con descanso, recuperación y sueño REM.
Prioriza las actividades que estén alineadas con tus metas a largo plazo. Una vez que le das significado u objetivo a una actividad, analiza qué tanto la vas a priorizar en una escala del 1 al 5. Para ello, debes tener bien definidas tus metas a largo plazo, ya que de ellas dependerá qué es negociable y qué no. Una vez que tengas definidas tus prioridades, trata de aplicar la Regla de Pareto, el 80 porciento del tiempo se consistente con estas actividades y el otro 20 dejarlo abierto a la espontaneidad.
Busca equilibrar tus actividades según tus prioridades. No puedes pasar todo el tiempo haciendo ejercicio, aunque tu meta a largo plazo sea la salud, sin dedicar tiempo al trabajo. Del mismo modo, no puedes dedicarte solo al servicio comunitario sin cuidar de ti mismo. La palabra equilibrio es un arte: es necesario aprender a gestionar tu vida de manera que sea sostenible para ti. Lo que es sostenible para una persona puede no serlo para otra, y todo depende del momento de la vida en que nos encontremos y cuáles sean nuestros objetivos a largo plazo. No hay nada más equilibrado que dirigirse hacia aquello que está en consonancia con el propósito de nuestra alma, de una forma sana.




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